Todos buscan a una persona fuerte, alguien con una sonrisa en la cara y que sea serena ante tus palabras. Un individuo que esté ahí para tus dudas y miedos, cualquiera que pueda escucharte en cualquier momento.
Es un trabajo gratificante pero, en contra, bastante duro. Dar apoyo sin recibirlo, dar soluciones sin tener preguntas propias contestadas...
A veces me pregunto por qué me cuesta tanto ser egoísta con lo que quiero, es mirar a la otra persona y saber que no es el momento ni el lugar indicados. Todo es esperar y esperar a que todo sea cómodo y fácil para el otro.
Por más que yo hable, nunca digo nada. Es frustrante soltar mil ideas sin concretar, que piensen que expones demasiado cuando, realidad, todo es vacío. Y en el momento que sueltas lo que realmente guardas, ya no hay nadie para escucharte.
Son lágrimas caídas para crear ríos potables en satisfacción a su sed.
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